La polémica en torno a los superalimentos

Los cultivos transgénicos están tomando cada vez más fuerza pero sus consecuencias en la salud son inciertas.

Cuando se habla de transgénicos y Organismos Genéticamente Modificados (OGM)  es común que llegue a la mente la imagen de una manzana inyectada. Pero la revolución transgénica está lejos de ser tan primitiva.
Según Tomás Enrique León, doctor en Tecnología Agroambiental de la Universidad de Madrid, “Estamos ante la tercera revolución verde, posiblemente la más importante desde el Neolítico, periodo en el que las comunidades de cazadores-recolectores se convirtieron en agricultores”. En la actualidad, la revolución consiste en aumentar la producción de los cultivos de la mano de tecnologías relacionadas con la manipulación genética.
León, quien tiene una cátedra de Agricultura Sostenible en la Universidad Nacional, explica que el estudio del ADN de plantas y animales permitió establecer esas características que algunos organismos tienen y que otros no. La tecnología permite transferir esos genes de uno a otro para que, por ejemplo, una planta de maíz adquiera cualidades propias de un organismo inmune a determinada plaga. El proceso se realiza en los laboratorios y es una modificación que adquiere cada una de las semillas.
“Todos los transgénicos son Organismos Genéticamente Modificados (OGM/OMG), pero no todos los OGM son transgénicos. Un transgénico es un organismo de una especie al cual se le ha insertado uno o varios genes de otra especie. Un OGM es cualquier ser vivo al que se le haya modificado su genoma”, explica León.
Los cultivos son modificados para que sean resistentes a insectos y tolerantes a herbicidas. Es así como tienen menos riesgo de plaga. Los agricultores han visto crecer su producción en más del 100 por ciento y aseguran no querer volver a la semilla tradicional; mientras los detractores critican el modelo por el latente daño a la biodiversidad y la falta de información que tiene el consumidor.
Soya, maíz y canola, los reyes de la transgénesis
No son pocos quienes investigan las propiedades y el origen de los alimentos, y se apasionan por los productos saludables. Sin embargo, en el siglo de la sobreinformación se desconoce que estamos viviendo una verdadera revolución agrícola o transgénica.
Son alimentos transgénicos por excelencia la soya, de la que se ha aumentado su consumo, gracias a los amantes de lo orgánico o de las dietas; el maíz, que es un producto de la canasta familiar, y la canola. Todos los productos derivados de estos, como la lecitina de soya –ingrediente de las leches en polvo, chocolates, condimentos y carnes, entre otros–, aquellos cuyo componente es el almidón de maíz –insumo de los panes, harinas, concentrado y medicamentos–, así como las margarinas que tienen canola, hacen parte del listado de los cultivos OGM.
“Venimos comiendo alimentos transgénicos hace años, desde 1996 cuando se liberó la primera soya genéticamente modificada”, aseguró María Andrea Uscátegui, directora ejecutiva de Agro-Bio. A lo que añadió, “No solo es lo que consumimos, también lo que vestimos, porque el algodón también es transgénico, al igual que medicinas como la insulina y algunas vacunas”.
Según el informe del Servicio Internacional para la Adquisición de las Aplicaciones Agrobiotecnológicas (ISAAA por sus siglas en inglés), solo en el periodo entre 1996 y 2013 hubo un incremento que alcanzó los 133.000 millones de dólares.  En 2014, la adopción de este tipo de cultivos alcanzó una cifra récord de 181.500.000 hectáreas sembradas en 28 países del mundo.
El porcentaje de cultivos genéticamente modificados, según el informe de la FAO, es de 82 por ciento de soya, 68 por ciento de algodón, 30 por ciento de maíz y 25 por ciento de canola.
La polémica de los OGM
Aunque las cifras en el aumento de la producción son significativas y se han traducido en el progreso de cientos de agricultores y ante todo de fabricantes de semillas transgénicas, que incluso aseguran es la única manera de alimentar a la población del mundo, el uso de los OGM ha causado controversia.
Para sus detractores, el modelo afecta la biodiversidad, pues argumentan que las plagas existen en el ecosistema para cumplir una función determinada y las semillas modificadas alteran el orden natural.  De acuerdo con León, “los mismos cultivos al ser resistentes a plagas e insecticidas terminan volviéndose maleza que se va apropiado de otros cultivos”.
Uno de los temas más polémicos es el relacionado con las consecuencias de estos cultivos en la salud. En 2013, el nombre del científico francés Gilles-Eric Séralini le dio la vuelta al mundo al ser el investigador de un estudio que relacionaba el consumo de maíz modificado con la aparición de tumores en las ratas objeto de estudio. La polémica fue tan grande, que el medio que lo publicó terminó por retractarse al afirmar que el estudio no era concluyente.
María Andrea Uscátegui de Agro-Bio aseguró: “No existe el primer estudio que demuestre que los alimentos afecten la salud humana, ni animal. La mayoría de estudios han sido rechazados”. Por su parte, Tomás Enrique León se une a científicos como Irina Ermakova, del Instituto de Neurofisiología de la Academia de Ciencias de Rusia, y a Séralini para afirmar que “hay evidencia científica del daño de los transgénicos en el ambiente y en la salud”.
Los principales países productores de cultivos biotecnológicos son Estados Unidos con 70 millones de hectáreas, le sigue Brasil con 40.3 y Argentina con 24.4 millones. En Colombia, de acuerdo al Instituto Agropecuario ICA, existen 89.084 hectáreas de maíz modificado. Actualmente, la aprobación para el cultivo de Soja se encuentra en estudio.
Fuente: Sostenibilidad Semana

No frenar la investigación con transgénicos por motivos políticos

21 reconocidos investigadores europeos han firmado una carta abierta solicitando que no se frene la investigación con transgénicos por razones políticas, advierten que Europa puede perder una posición de privilegio, si no se les permite seguir investigando con variedades modificadas genéticamente que cuentan con los certificados correspondientes que demuestran que son seguras. Explican que si no se les permite seguir trabajando, Europa puede quedarse relegada a últimos puestos en lo que respecta a ciencia y tecnología.

Los investigadores consideran que los responsables políticos deben tomar una postura favorable sobre los temas científicos. En esta carta abierta enviada a los políticos se reivindican tres puntos, mantener la financiación e incluso aumentarla en el campo de la ciencia aplicada a las plantas, a fin de poder desarrollar nuevas variedades que sean resistentes al cambio climático. Solicitan que los investigadores que trabajan con cultivos modificados genéticamente, puedan realizar sus experimentos en campo abierto, ya que en la mayoría de los países europeos están bloqueados.

El tercer punto de esta carta pide que Europa permita la autorización inmediata de las variedades transgénicas que han sido validadas como seguras por las autoridades competentes (EFSA). Los 21 investigadores explican que de los políticos que decidan hacer caso omiso de este mensaje que se les envía, no se puede decir que se tomen la ciencia y la investigación en serio.

Parece que se pretende que se tome ejemplo de los políticos y asesores del Reino Unido. El pasado mes de marzo los asesores científicos del país presentaron al Primer Ministro británico, David Cameron, un informe en el que se instaba a eliminar las reglamentaciones que pesan sobre los cultivos transgénicos, considerando que deben regirse por las mismas regulaciones a las que son sometidos los cultivos tradicionales. En este informe, del que podéis conocer más detalles aquí, se concluía que era prioritario llevar a cabo acciones como la de aprobar unilateralmente el crecimiento de este tipo de cultivos en todo el Reino Unido, ya que se corre el riesgo de sufrir una restricción de alimentos. Por ello se persigue que se evalúe cada cultivo transgénico de forma individual, de un modo similar a la forma en que se evalúan los productos farmacéuticos.

Como sabemos, en el Reino Unido algunos políticos apuestan firmemente por los cultivos modificados genéticamente, durante los dos últimos años hemos conocido noticias como las declaraciones del Ministro de Medio Ambiente, Alimentación y Desarrollo Rural del país, declaraba que oponerse a los alimentos modificados genéticamente es una tontería. El Ministro declaraba también que la industria alimentaria debía promover los alimentos transgénicos. Otras personalidades, como el presidente de la APPG (Organización Parlamentaria de todos los partidos y el Grupo de Elaboración de Bebidas del Reino Unido), declaraba que era necesario que los políticos promovieran los alimentos transgénicos, como vemos el bombardeo para que se dé vía libre a los alimentos modificados genéticamente ha sido incesante.

Según leemos aquí, los activistas en contra de los transgénicos también se pronuncian y argumentan que la ciencia no es el único criterio que se debe adoptar a la hora de que un alimento modificado genéticamente reciba el visto bueno. Explican que otros factores como los sociales, la ética o la justicia son perfectamente válidos en la política que rige la agricultura y la alimentación. Los activistas reivindican el derecho a decidir sobre el cultivo de unos alimentos que pueden perjudicar al medio ambiente, o ser controlados por quienes poseen las patentes.

No sabemos si los investigadores recibirán una respuesta a la carta abierta que han enviado, lo correcto sería que la recibieran y que los políticos argumentarán las razones por las que se frenan los cultivos y ensayos transgénicos, será un modo de demostrar que estas acciones no están sujetas únicamente a motivos políticos y que existen muchas otras razones para hacerlo.

Fuente: Gastronomía & Cia