Las enfermedades transmitidas por los alimentos pueden aumentar con el cambio climático

Expertos del Departamento de Calidad y Seguridad Alimentaria de la Facultad de Bioingeniería de la Universidad de Gante (Bélgica), consideran que las investigaciones que relacionan la seguridad alimentaria y el cambio climático son relativamente novedosas, es una línea de trabajo en la que hay que profundizar, ya que la nueva situación climática provocará cambios que afectarán a la seguridad de los alimentos.

A medida que aumente la temperatura del planeta y se produzcan cambios en las precipitaciones, se modificará la distribución de las plagas y los microorganismos patógenos, así como el crecimiento de moho, hongos y la producción de micotoxinas (aflatoxinas), un tipo de sustancias tóxicas generadas por distintos tipos de hongos que proliferan en los cultivos que sufren sequías persistentes, o en el caso contrario, periodos prolongados de alta humedad. Los expertos también comentan sobre los problemas con algunas especies marinas y mariscos, en este último caso a causa de la proliferación de algas que son perjudiciales.
El cambio climático va a provocar una nueva configuración del escenario de producción de alimentos del planeta y con ello, se puede producir un incremento de las enfermedades transmitidas por los alimentos. Los expertos explican que será todo un desafío para la eficacia de los sistemas de gestión de seguridad alimentaria en un futuro cercano, la climatología juega un papel determinante en la presencia de patógenos en los alimentos.

En este sentido destaca el proyecto Veg-i-Trade, proyecto de investigación financiado por la UE para estudiar la relación entre cambio climático y enfermedades transmitidas por alimentos, se ha convertido en una de las principales fuentes de información en este área. Este proyecto ha sido financiado bajo el paraguas del Séptimo Programa Marco Para La Investigación del Impacto de la globalización y el Cambio Climático en la Seguridad de Frutas y Hortalizas, en él se trabaja para evaluar la relación de las previsiones sobre el impacto del cambio climático y la globalización alimentaria.

En la página web de este proyecto nos explican que los productos frescos como las frutas rojas, las hortalizas, los tomates, etc., son una parte importante en una dieta saludable, se espera que el consumo de estos alimentos se incremente en los próximos años. Pero debido a la aparición de enfermedades y la previsión de nuevas amenazas para la seguridad alimentaria, la preocupación se ha hecho notar a nivel nacional, europeo e internacional. Veg-i-Trade es una respuesta, una plataforma que permite identificar los posibles efectos en la relación cambio climático, globalización del comercio y seguridad alimentaria. El proyecto se centra especialmente en la seguridad microbiana y en la seguridad de los residuos de pesticidas, se proyectan posibles escenarios medioambientales y cómo van a afectar al comercio de alimentos a nivel europeo y mundial.

Según explican los expertos de la Universidad de Gante, en el proyecto Veg-i-Trade se ha llegado a la conclusión de que la etapa de la pre-cosecha en la producción alimentaria es la que tiene mayor riesgo de contaminación por patógenos como la Salmonella o la E. coli, pero también se incrementa el riesgo en etapas posteriores como el transporte, el almacenamiento y el procesado de los alimentos, algo que en principio se realiza en ambientes más controlados. Otro riesgo es el incremento del uso de pesticidas a consecuencia de nuevas plagas que se pueden desarrollar de un modo distinto a causa de la susceptibilidad de las plantas, también hay que tener en cuenta como va a afectar la contaminación ambiental, tanto en el rendimiento como en la proliferación de plagas y microorganismos.

Los investigadores explican que el cambio climático podría afectar a la seguridad alimentaria a través de muchas vías, consideran que es necesario llevar a cabo más investigaciones y análisis estadísticos sobre lo que puede ocurrir en distintos escenarios climatológicos para poder obtener evidencias y prepararse para los cambios que se avecinan. Prever lo que puede ocurrir puede dar una idea de la situación futura y de cómo las próximas generaciones deben adaptarse al nuevo escenario.

Los expertos consideran que es prioritario que las empresas y las comunidades a nivel local o nacional lleven a cabo estrategias que permitan superar estos problemas, la razón es que los escenarios climáticos serán diferentes en cada zona del planeta. En este caso merece la pena recordar que la FAO explicaba que en la producción de alimentos se debe tener en cuenta el cambio climático, sin embargo, como explicábamos aquí, las grandes compañías de alimentación toman pocas medidas contra el cambio climático, a pesar de que el problema les afectará de forma directa.

Parece que se perfila un panorama bastante lamentable, mayor número de bocas para alimentar en el año 2050, menor rendimiento de los cultivos, cambios en el mapa mundial de la producción de alimentos, etc. Podéis conocer más detalles del estudio a través de este artículo publicado en Food Research International.

Fuente: Gastronomía & CIA

El clima está cambiando la geografía de los alimentos

Expertos en seguridad alimentaria presentes en la 20 Conferencia de las Partes (COP 20) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), temen notables alzas de los precios de los alimentos si los países tropicales no adoptan pronto técnicas para adaptarse.

El Instituto Internacional de Investigaciones sobre Políticas Alimentarias (IFPRI, en inglés)estima que el cambio climático va a generar alzas de precios de los alimentos de hasta un 30 por ciento. El campo es el primer sector directamente afectado por la alteración del clima alerta Andy Jarvis, investigador del Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT) y especialista en agricultura de bajo carbono, del Programa de Investigación de Cambios Climáticos, Agricultura y Seguridad Alimentaria.

«Clima y agricultura van de la mano y es el clima el que define si un cultivo va bien o mal. La geografía de donde están los cultivos se va a mover y los impactos pueden ser extremadamente negativos si no se hace nada», nos dijo Jarvis durante el Global Landscapes Forum,el mayor evento paralelo celebrado en la COP 20.

Cultivos como los del café, cacao y fríjol en los trópicos son especialmente vulnerables a temperaturas drásticas y a la escasez de lluvias y pueden sufrir enormes pérdidas en razón de un calendario climático en vías de transformación.

Un ejemplo. En el Valle Sagrado de los Incas en Perú una zona que abriga la mayor diversidad de papas, las altas temperaturas e incidencia de plagas están forzando a los indígenas a cultivar el tubérculo en altitudes muy elevadas. Los productores de papas podrían tener que hacer frente a una reducción de lluvias del 15 al 30 por ciento para 2030, según el Climate Wire.

Otro más. En países centroamericanos como Costa Rica, Guatemala y Honduras, hay una emergencia por el hongo de la roya del café, que diezma sus cultivos. La plaga ya causó 1.000 millones de dólares en pérdidas en América Central en los últimos dos años y ahora amenaza con infectar al 53 por ciento de las plantaciones de café en el área, según datos de la Organización Internacional del Café.

América Latina produce el 13 por ciento del cacao mundial y se llevará a cabo un esfuerzo internacional para conservar la diversidad del cacao en las Américas, una vez que los productores buscan rasgos para proteger su producción de enfermedades devastadoras como la «escoba de bruja» que puede agravarse por las condiciones climáticas extremas.

A la vez, el cacao también puede servir de estrategia para los productores de café como forma de alternar el cultivo cuando las temperaturas no sean favorables para producir café, según el Consorcio de Centros Internacionales de Investigación Agrícola.

«En la COP se ha manejado mantener el calentamiento global dentro de un tope de dos grados centígrados como la meta más optimista», recuerda Jarvis. Pero «eso prácticamente implica un desplazamiento total de la zona cafetera. Dos grados será demasiado caliente. Las dinámicas de los precios indican que van a subir muchísimo. A medida que cae la producción y la oferta se reduce, el precio sube. Será un gran impacto sobre la pobreza», advierte el especialista.

Solamente en Nicaragua, donde el sector cafetero tiene un peso económico importante, el aumento de los dos grados llevaría a perder el 80 por ciento de la actual área de los cultivos del grano, comenta. Hasta 2050, las áreas de café nicaragüenses se moverán unos 300 metros hacia zonas más altas, además de ejercer presión sobre los recursos naturales y los bosques y poner en peligro los actores de la cadena de suministro de café, según un estudio del CIAT.

A medida que el clima se calienta, los cultivos que hasta ahora tienen su tope de altitud en 1.600 metros, deben trepar a cotas más altas, lo que afectaría a la subsistencia de medio millón de pequeños agricultores y trabajadores agrícolas, según datos de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional.

El subdirector general para el área forestal de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Eduardo Rojas, ha asegurado en la COP 20 que el cambio climático ya pone en riesgo la seguridad alimentaria, los recursos y los medios de vida de las personas más vulnerables. «Una agricultura resiliente es más ambiental porque no utiliza fertilizantes nitrogenados. Pero por mucho que hagamos, hay límites sistémicos. Podemos llegar al límite de lo que puede ser la adaptación de la agricultura», comenta.

Rojas insiste en el enfoque integral de paisajes en el contexto del cambio climático para afrontar el desafío de asegurar una nutrición adecuada para las 805 millones de personas que sufren desnutrición crónica. Sin embargo, la producción agrícola tendrá a la vez que aumentar en un 60 por ciento para garantizar la demanda.

El director ejecutivo del estadounidense Earth Innovation Institute, Daniel Nepstad, recuerda que la mayor cantidad de tierra disponible para la producción de alimentos está en los trópicos. «El crecimiento de la demanda de comida, en especial, en las economías emergentes va a ser más rápido que el aumento de la producción. Los países en el mundo que tienen más potencial están en América Latina», destaca Nepstad, para quien las innovaciones para mitigar el impacto del clima en la alimentación están sucediendo fuera de la CMNUCC.

Para el director general del Centro para la Investigación Forestal Internacional,Peter Holmgren, la agroforestación es un enfoque para conciliar la agricultura, la conservación de bosques y producir alimentos sin generar estas emisiones. «El gran motivo para la deforestación en la región es la expansión de la frontera agrícola. Hoy en día ya hay muchas investigaciones que buscan variedades de cultivos y semillas más resilientes. Hay aún posibilidad para desarrollar una agricultura más inteligente», dice.

No obstante, Holmgren lamenta que el tema de los impactos de la variabilidad climática en la agricultura todavía se mantenga fuera de las negociaciones de las COP. Además de técnicas agroforestales, los servicios de información agroclimáticos con pronósticos de cuatro a seis meses son formas de contribuir a la adaptación para un nuevo calendario climático.

Jarvis, del CIAT, argumenta que la diversificación de cultivos y el aumento de apoyo con políticas de fomento al campo son necesarios. En la actualidad, no más del 20 por ciento de los productores de la región tienen acceso a extensión de tierras.

Fuente: EuroXpress

Presentaron un estudio internacional sobre seguridad alimentaria

Se presentó un estudio que pone en evidencia el papel clave que jugarán la labranza cero, la protección de los cultivos y el mejoramiento vegetal, entre otras tecnologías, en la sustentabilidad de la agricultura y la seguridad alimentaria.

Bajo el lema “Más y mejores alimentos: ¿podremos lograrlo sin tecnologías?” y con la presencia del especialista Nicola Cenacchi, ASA, CASAFE y ArgenBio presentaron los resultados del estudio “Seguridad alimentaria en un mundo con una creciente escasez de recursos naturales: el rol de las tecnologías agrícolas”, publicado recientemente por el  Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias (IFPRI). Ante los desafíos que plantean el cambio climático y la creciente escasez de recursos, el principal hallazgo del estudio fue haber identificado qué tecnologías se necesitarán en cada región para mejorar los rendimientos en los cultivos de trigo, maíz y arroz, para 2050, y bajo escenarios de cambio climático. Más allá de la productividad, el estudio consideró también el impacto de las tecnologías en la producción y el precio de los commodities, así como otras variables relacionadas con la seguridad alimentaria.

En la ponencia, Cenacchi sostuvo que el mundo, y en especial la agricultura,  enfrenta serios desafíos para satisfacer las necesidades básicas de una población que crece y demanda más y mejores alimentos. Se calcula, por ejemplo, que para el 2050 será necesario duplicar la producción de cereales, pero sin usar más recursos que los que usamos actualmente. A estas dificultades se sumará el cambio climático, con nuevos escenarios a los que la agricultura deberá adaptarse.

“Las tecnologías son de vital importancia para que podamos responder a estos desafíos. Dependiendo del lugar, del cultivo y del escenario climático, algunas serán más importantes que otras, pero sin duda las necesitaremos. En el escenario de cambio climático de mayores temperaturas y más precipitaciones, serán fundamentales las tecnologías relacionadas con la conservación del suelo (como la siembra directa y la fertilización), el mejoramiento de las semillas (para la tolerancia al calor y para un mejor uso del nitrógeno) y los productos fitosanitarios”, explicó Cenacchi. “A pesar del papel crucial que jugarán las tecnologías, sabemos que también se necesitarán políticas para lograr la seguridad alimentaria, y probablemente deberá haber un cambio cultural en el consumo para evitar alimentos que hagan un uso intensivo de los recursos”, agregó. Destacó también: “Como investigadores creemos que el desafío es satisfacer las demandas, y para eso debemos considerar todas las soluciones posibles”. Con respecto al uso de las tecnologías, señaló también que para eso “hay leyes y normas que deben garantizar su manejo responsable”.

Como mensaje final, Cenacchi concluyó: “encontramos un impacto positivo  muy fuerte para un buen número de las tecnologías analizadas. Pero lograr que todos los agricultores las adopten no es fácil. Sin embargo, debemos actuar y hacerlo ya, porque el costo de no hacerlo podría ser dramático para la seguridad alimentaria y el futuro de nuestro planeta”.

Fuente: On24