La industria alimentaria inventa los vegetales con sabor a carne

Nadie se dará cuenta de que la comida sobre el plato, que huele a carne, parece carne y sabe a carne, realmente es una masa hecha a base de vegetales que una empresa estadounidense está popularizando con el propósito de vender una alternativa más saludable a la hamburguesa tradicional.
Beyond Meat, una start-up estadounidense, está revolucionando la biotecnología con sus nuevos productos alimenticios que parecen lo que no son. La empresa con sede en San Clemente, California, está asentanda en Estados Unidos la idea de que el alto consumo de carne es económica y ambientalmente insostenible.

La producción de una carne para hamburguesa requiere más agua que 15 días de ducha. Además, el consumo de proteína animal está asociada al colesterol. Por este motivo, la empresa quiere contribuir a un menor consumo de carne de vacuno, un propósito al que muchos sectores sociales también se han apuntado.

Inversores de primera línea  

Con capital de la familia Gates, los fundadores de Twitter y de Kleiner Perkins Caufield & Byers, la firma de capital de riesgo que inyectó recursos en Google y Amazon, Beyond Meat dobla sus ventas cada año.

“Los próximos dos años serán emocionantes”, explicó Joseph Puglisi, un profesor de biología estructural de la Universidad de Stanford, a The New York Times. “Podemos utilizar una amplia gama de fuentes de proteínas vegetales y crear una paleta de texturas y sabores como, por ejemplo, embutidos, salchichas y carne de cerdo”, añadió el profesor que trabaja en alternativas de la carne.

El fundador de la compañía, Ethan Brown, es un empresario obsesionado con el cambio climático. Trabajó ocho años en una empresa para hacer células de hidrógeno que pudiesen ser utilizadas en la industria del transporte, pero años más tarde descubrió que el ganado produce más gases que todo este sector. Entonces cambió de plan y comenzó a investigar innovaciones para sustituir la producción de carne.

Soja y guisantes  

La empresa utiliza proteínas de soja y de guisantes para emular el sabor de la carne de vaca. Y, según los consumidores que la han probado, la diferencia es casi imperceptible.
Pero la comapñía de biotecnología no sólo tiene carnes para hacer hamburguesas y albóndigas. También ha lanzado versiones de pollo con diferentes sabores que incluyen fingers de pollo. Y todo a base de vegetales.

Hace tres años, los productos de la compañía sólo se podían adquirir en 360 establecimientos. Ahora, las falsas carnes se pueden adquirir en más de 7.000 locales y se prevé un producto masivo con la entrada en Walmart, un acuerdo que ya está cerrado.

Sin transgénicos  

La innovación va en la línea de productos novedosos como los de Just Mayo, una empresa de mayonesas y salsas sin huevo y con bajo colesterol.

A diferencia de otras empresas como Clara Foods (que vende falsas claras de huevo pero más nutritivas y completas) o Muufri (que es una alternativa a la leche de vaca), Beyond Meat no trabaja con transgénicos.

Pocas novedades en España  

La industria de la alimentación busca alternativas más baratas y sostenibles. A España nada de esto ha llegado, pero al menos algunas aproximaciones se asoman en los supermercados más ecológicos.

La cadena Veritas explica que comercializa chorizos y embutidos a base de pollo en lugar de cerdo. Se trata de una alternativa más saludable pero a años luz de los cambios radicales que prepara la industria alimentaria en Estados Unidos.

Fuente: Economía Digital
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La alimentación del futuro, más cerca de los orígenes

NEVERAS CON NANOPARTÍCULAS. El profesor de la Universidad de Vigo Lorenzo Pastrana apunta que uno de los sectores a los que más sirve la nanotecnología es la alimentación ya que «está presente en todos los pasos de la cadena alimentaria». Desde las materias primas, cuya seguridad y trazabilidad puede mejorar aún más, hasta la nutrición (esta ciencia puede potenciar los efectos funcionales de algunos componentes), pasando por la elaboración (puede cambiar la estructura física de los alimentos) y el ‘packaging’ ya que existe ya envasado activo e inteligente. Estamos ante la nueva era de neveras con nanopartículas de plata con efectos antibacterianos pero aunque suene futurista, Pastrana está convencido de que la nanotecnología hará que «nos alimentemos de una forma mucho más parecida a cuando estábamos más cerca de la cadena de producción». Las nanopartículas ayudarán, asegura, a que «nuestra relación con los alimentos sea más natural con productos más frescos y menos procesados».

UNA DIETA PARA CADA PERSONA. Una dieta para cada persona. La farmacéutica catalana Ferrer dio a conocer ayer ante los asistentes de Biospain su servicio Nutri inCode, que persigue una de las tendencias mundiales en sanidad: la medicina personalizada. «Las dietas actuales son efectivas a corto plazo, pero se ha demostrado que no lo son a largo», sostiene Eduardo Salas, ‘medical advisor’ de este proyecto que centra sus esfuerzos en conocer la genética de los pacientes así como su estilo de vida -que suele determinarse por la actividad física y la alimentación. Se trata de una iniciativa que estudia la información de 80 polimorfismos genéticos en más de 60 genes relacionados con los diferentes aspectos nutricionales y la integra con datos sobre el estilo de vida de los pacientes para analizar su predisposición a padecer obesidad o sobrepeso y enfermedades que se derivan. Tras este cruce de datos, el experto puede dar recomendaciones personalizadas al paciente sobre el tipo de dieta que debe seguir.

PRESENCIA DESTACADA. La biotecnología agroalimentaria (también conocida como ‘verde’) tiene una una importante presencia en la actual edición de Biospain, con conferencias que abordan el descubrimiento de nuevas tecnologías, la creación de nuevos productos, la valorización de recursos agroalimentarios, y la mejora vegetal y nuevas variedades gracias a la biotecnología moderna. Y es que, según datos de ASEBIO, los proyectos de biotecnología ‘verde’ aumentaron en un 5,2% en 2014 respecto al año anterior. Continuando con información aportada por la asociación, por distribución sectorial destaca el predominio de las empresas de alimentación (68,5%) en las empresas usuarias de la biotecnología, si bien suponen una cifra de un 32,3% entre las compañías estrictamente biotecnológicas.

Fuente: El Mundo

Biosensores que huelen a rayos

La industria del envasado de alimentos habla continuamente de materiales inteligentes aunque realmente después use pocos. Existen varias formas de “inteligencia” en un envase alimentario: una de las más citadas es aquella que permite al envase regular la eliminación selectiva de gases como el etileno que generan de forma natural algunas frutas y que contribuyen a su maduración (por eso plátanos, chirimoyas y aguacates, por ejemplo, maduran más rápidamente si se guardan en un lugar cerrado no ventilado); otra, que es de la que hoy vamos a tratar, es que el envase mida y señale cuando un alimento se ha deteriorado y ya no es comestible.

La forma de saber si un alimento es comestible es olerlo.
Los materiales capaces de hacer esto son complejos, caros y visuales, esto es, usan algún tipo de señalización visual y hay que mirarla para saber el estado del alimento. Sin embargo, la forma de la que nos ha dotado la evolución para saber si un alimento es comestible es olerlo: si huele que te repugna, mejor no te lo comas. Esto, corregido y aumentado, es lo que ha desarrollado un equipo de investigadores de la Universidad McMuster (Canadá): han creado usando una impresora de inyección de tinta un sensor que emite un olor cuando una molécula diana está presente. Los resultados se publican en Analyst.

Los indicadores visuales, basado en fluorescencia o en cambios de color están muy bien, pero un problema es que tienes que mirarlos específicamente; un indicador que emite un olor penetrante y característico hace innecesario mirar el indicador, ni siquiera recordar que existía uno.

Un indicador que emite un olor penetrante y característico hace innecesario mirar el indicador.
Los alimentos se corrompen por la actividad microbiana especialmente. Esta actividad lleva asociada el aumento de los niveles de una molécula llamada adenosín trifosfato (ATP). El equipo de McMaster ya había presentado hace unos meses un sistema para detectar ATP que consistía en definitiva en un par de enzimas que catalizan la conversión de S-metil-L-cisteína en metil-mercaptano. El metil-mercaptano es a lo que huele el “butano” o el “gas natural” cuando existe una fuga; de hecho no el butano ni el metano del gas natural huelen a nada, por lo que se les añade metil mercaptano para que tengan un olor que indique que algo no va bien. Cuando hay ATP presente, en agua potable o en un alimento, el sistema se activa y el usuario lo sabe, incluso a bajas concentraciones.

En un paso importante hacia su comercialización, los investigadores han creado un “papel de olor”, en el que el sistema sensor se ha inmovilizado en tiras de papel que pueden formar torundas (de esta forma disponemos del sensor en una especie de bastoncito de algodón que puede usarse fácilmente). El papel de olor se consigue usando una simple impresora de inyección de tinta, lo que tiene la ventaja de ser un proceso de fabricación barato y escalable.

Un sistema como este presenta como limitación al uso doméstico, no tiene sentido emplearlo en fábricas o lugares donde los olores sean intensos o los trabajadores tengan que emplear equipos de protección individual que interfieran con su olfato.

Fuente: Vózpopuli