Regular los alimentos

El sector de la industria cárnica está orientado al consumidor final, donde es esencial aportar calidad, seguridad, diversidad y precio. Además, la trazabilidad toma cada vez más importancia, y esto se plasma en dos aspectos diferenciados. Por un lado el uso del envase y la etiqueta como canal de información al consumidor, cada vez más exigente, a veces solo curioso. Por otro lado, como herramienta de control para la seguridad alimentaria y disuasorio contra el fraude.

En este contexto en Bruselas cada vez hay más interés en potenciar los etiquetados. En febrero de 2015 el Parlamento Europeo (PE) pidió a la Comisión que presentara una propuesta para que fuera obligatorio etiquetar el origen de la carne en los productos transformados. La Comisión lo tumbó por el excesivo coste y burocracia que supondría. Al consumidor se le complicaría todavía más la comprensión de la etiqueta. Además, sería muy inusual que un consumidor buscara el origen de los diferentes productos que componen un alimento transformado. Si así fuera, ¿por qué no también del resto de los productos?
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El PE contrataca ahora y la Comisión de Seguridad Alimentaria presentará en sesión plenaria en los próximos meses una nueva propuesta para que la Comisión regule en una primera fase lo que han llamado alimentos ligeramente transformados, cárnicos y lácteos. El PE basa su estrategia en los resultados de una encuesta del Eurobarómetro del 2013, por la que el 90% considera el etiquetado como importante para los alimentos procesados. Lo que pasa es que el ciudadano quiere que se etiquete el origen del producto, pero no el de toda su materia prima.

En definitiva, no queda claro si podremos asistir a una regulación de alimentos ligeramente transformados, o a una ligera regulación de alimentos transformados. Las instituciones europeas tienen la mala costumbre, especialmente el Parlamento Europeo, de hacer complejas propuestas que, en caso de salir adelante, suelen generar no pocos quebraderos de cabeza.

Fuente: La Rioja
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