Un taller para educar contra el desperdicio de alimentos

ruz Roja Granada organizó ayer las jornadas Educación nutricional en el mundo como parte del proyecto Apúntate al reto de terminar con la desnutrición y la malnutrición, que financia el Ayuntamiento de Granada con el objetivo de sensibilizar sobre el desperdicio de alimentos y su impacto en la pobreza y el hambre.

La Escuela de Hostelería y Turismo Hurtado de Mendoza acogió las ponencias con las que Cruz Roja Granada quiere advertir de las desigualdades sociales y defender el reconocimiento de la alimentación como un derecho fundamental, así como concienciar sobre el cambio climático y la utilización sostenible de los recursos. Las exposiciones van encaminadas a fomentar la adquisición de hábitos saludables de alimentación que prevengan el sobrepeso para mejorar la salud de los escolares y sus familias, enseñando a tomar responsabilidades ya en edades tempranas para disfrutar de una mejor calidad de vida.

Educación nutricional en el mundo fue inaugurada por José Amo Fraile, vicedirector de la Escuela de Hostelería y Turismo Hurtado de Mendoza, y contó con la presencia del concejal de Familia, Bienestar Social e Igualdad de Oportunidades del Ayuntamiento de Granada, Fernando Egea, y el vicepresidente provincial de Cruz Roja, Gabino García. Las jornadas han sido desarrolladas gracias a la colaboración de la Facultad de Medicina y la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales y el Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos José Mataix de la Universidad de Granada.

El objetivo del proyecto es abordar la problemática del hambre en el mundo, los hábitos de consumo en España, el desperdicio de alimentos en nuestra sociedad y como paradoja, su carencia y necesidad en otras partes del mundo, así como las iniciativas para paliar el despilfarro de alimentos. Por otra parte, las exposiciones abordan el excesivo consumo de recursos y la generación de un ingente volumen de residuos; y la creación, aprovechamiento y reciclaje de los alimentos mediante un comportamiento ético y responsable.

Jorge Guardiola Wanden-Berghe, profesor del Departamento de Economía Aplicada de la Universidad de Granada argumentó la ponencia Aspectos económicos del hambre y Guillermo Vázquez Mata, Catedrático de Medicina y especialista en Cooperación Internacional en la UGR: Comer cinco veces al día, entre otros.

Fuente: Granada Hoy
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La producción alimentaria “tendrá que aumentar un 70%” en 2050 para poder abastecer a la población

“En 2050 la población habrá aumentado tanto que tendremos que incrementar a un 70 por ciento la producción alimentaria de lo que ahora conocemos para poder abastecer”. Así lo ha manifestado la doctora en veterinaria por la Universidad de Córdoba Catalina Gómez, que ha asegurado que “este problema planteará un conflicto ético en aspectos de seguridad alimentaria”.

Gómez ha participado como ponente en el curso organizado por la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA) ‘Seguridad alimentaria’ que se ha desarrollado en el Campus Antonio Machado de Baeza (Jaén). En referencia al “conflicto ético” en materia de seguridad alimentaria ante un posible problema de abastecimiento, ha manifestado “que se tendrán que tomar medidas que entrarán en conflictos”, pero habrá que buscar, “opciones que hagan compatible la seguridad con el abastecer”, ha subrayado.

“Entre las posibles soluciones que se plantearán será el buscar un mayor aprovechamiento de los alimentos, maneras de conservación adecuadas, producciones de plantas más resistentes a las plagas, o alterar genéticamente las especies”, ha explicado, “una serie de opciones que entran en conflicto con la seguridad alimentaria”, por ejemplo, “por el rechazo a los transgénicos o a la producción sin respetar las normativas del bienestar animal”.

Sin embargo, pese a existir esas cuestiones éticas, “por otro lado hay que buscar una solución para darle de comer a la población en el futuro”. “Se tendrían que dar pasos a nuevos conceptos, estar muy pendientes en las tecnologías que se están produciendo para hacer compatible la seguridad con estas cuestiones sensibles”, ha destacado.

Fuente: 20 Minutos

Los mil obstáculos de Super Kid

Las apariencias engañan. A primera vista, la densa y fértil jungla que cubre gran parte de Laos puede parecer el hábitat ideal para que la reducida población del país —menos de siete millones de habitantes— disfrute de una vida digna. En la práctica, sin embargo, la situación en el hermano pequeño de la antigua Indochina francesa es dramática. Y son los niños quienes más la sufren. Su mortalidad no tiene parangón en el sudeste asiático —68 de cada mil no sobreviven al primer año de vida, y 79 no llegan a cumplir los cinco años— y lo más doloroso es que está provocada en su mayoría por enfermedades relativamente fáciles de tratar, como la neumonía —18%— y la diarrea —10%—. Por otro lado, las tasas de malnutrición son comparables a las de algunos países del África subsahariana. El 44% de los niños menores de cinco años tiene problemas de crecimiento, y el 27% están malnutridos. Cada año 5.000 niños mueren en Laos por esta lacra, según Unicef.

“Esta pésima situación se aprecia claramente en el ámbito rural, donde muchos niños con carencia de vitaminas y de minerales se muestran apáticos y carentes de la vitalidad que se les presupone. Se encuentran en una especie de letargo que resulta muy peligroso para su crecimiento físico e intelectual”, relata Shane Powell, un estadounidense que reside en Laos desde hace más de una década. Unicef, consciente del problema, decidió hace ya casi dos años aliarse con el Gobierno laosiano y con el gigante de la mineríaMMG para poner en marcha con un millón de euros una innovadora iniciativa público-privada que permitirá distribuir cuatro millones de dosis de Super Kid, un nuevo complejo nutritivo en los próximos tres años. “Cuando me propusieron dirigir el proyecto creí que sería relativamente sencillo tener éxito, y que el mayor escollo estaría en llegar a las zonas más remotas”, explica Powell, que trabaja en la organización humanitaria desde hace siete años. “Pero estaba muy equivocado”, reconoce entre risas en la calurosa oficina que ocupa en Vientián.

“El compuesto en polvo —que incluye zinc, hierro, vitaminas, y otros nutrientes— se introdujo primero en África, donde ha dado muy buenos resultados. Por eso, la primera idea fue traerlo directamente, tal cual, a Laos. Cada niño ha de tomar una dosis al día mezclada con la comida, y ahí surgió el primer problema. La dieta del país se basa, casi exclusivamente, en el arroz glutinoso. Así que el primer impulso de la gente es mezclar el suplemento nutritivo con el arroz mientras se cuece, algo que le hace perder parte de sus propiedades y da a la comida un sabor metálico desagradable”. Para solucionarlo, el equipo de Powell trata de convencer a los beneficiarios de que mezclen el polvo con otros alimentos, sobre todo con fruta. “Así conseguimos también que los niños reciban una alimentación más diversa, ya que el arroz glutinoso es muy pobre en nutrientes. Pero, como somos conscientes de que no todos lo van a hacer, tuvimos que cambiar la fórmula para evitar el mal sabor”.

Luego, cuando Super Kid ya estaba listo, aparecieron otros problemas inesperados con el embalaje. “Las bolsitas muestran un niño, y nunca pensé que su imagen fuese a dar tantos quebraderos de cabeza. En una ocasión, cuando vimos que en un pueblo no se estaba administrando el complemento, descubrimos que la razón estaba en que el bebé de la ilustración no tenía pelo. Una madre me dijo que creían que sus hijos se iban a quedar calvos si les daban los polvos”. El siguiente intento también fracasó. “Luego el problema estaba en que el niño no tenía cuerpo y algunos creían que era un fantasma. Laos es un complejo cóctel de minorías étnicas y, sin duda, lo más complejo de la ayuda es adaptarla a las costumbres y a las creencias locales”, sentencia Powell.

Una abuela alimenta a su nieto con arroz glutinoso, la base de la dieta laosiana y un alimento muy pobre que afecta al crecimiento físico e intelectual de los niños.

Afortunadamente, después de mil obstáculos, este verano Super Kid —sonriente, con pelo, y con los brazos en alto— se ha hecho realidad en tres provincias del sur de Laos. “Hemos decidido distribuirlo de dos formas. Por un lado, el paquete blanco se ofrecerá gratuitamente a las familias más pobres a través del canal sanitario, en el que se hará seguimiento de los beneficiarios. Por otro, el paquete naranja se comercializará en tiendas de zonas urbanas a un precio subvencionado de 500 kips (cinco céntimos de euro) la unidad entre quienes sí puedan pagarlo, y habrá una campaña para promocionarlo. La idea es que los padres sean conscientes de que están haciendo una inversión por la salud de su hijo, y que lo valoren como tal”.

Para ello, Unicef ha decidido no poner en el paquete ni su logotipo ni el del Gobierno, algo que, según Powell, “aumentará la percepción de calidad del producto”. La intención es que se beneficien del suplemento, cuyos primeros efectos beneficiosos se manifiestan en unos 60 días, unos 180.000 niños de entre seis meses y cinco años de vida. “El reto es conseguir que Super Kid se vea como solución a la anemia, que es crónica, y que llegue a los niños que tienen riesgo de sufrir malnutrición en sus primeros mil días de vida, un período crítico en su desarrollo”, explica el americano.

No obstante, su uso también puede acarrear efectos no deseados. “Tememos que, si funciona, sucedan dos cosas: que los adultos también comiencen a tomarlo, y que los niños que resulten más activos como consecuencia de su mejor estado de salud sean considerados molestos, o raros, por la comunidad”. No obstante, en los pueblos ‘piloto’ del proyecto, la acogida ha sido positiva. “El suplemento es también una excusa para cambiar hábitos en otros aspectos. De momento, hemos conseguido que las madres presten más atención a la variedad de alimentos que dan a sus hijos, ya que a veces el problema no está en la falta de comida sino en la falta de conocimiento sobre lo que requiere un bebé, así que aprovechamos también para hacer hincapié en los beneficios de la leche materna y en la necesidad de mantener un estricto control higiénico”. Así, poco a poco, Laos se va acercando a los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Powell, con las tiras de Super Kid

“Esa es la satisfacción que buscaba cuando decidí dejar el periodismo. Me cansé de las noches en vela escribiendo cómo otros desarrollaban proyectos de este tipo y me animé a pasar a la acción. Creo que los Objetivos del Milenio son un buen incentivo para que los países mejoren, porque marcan metas concretas, y me sentiré orgulloso si consigo aportar algo para que así sea”, cuenta. Porque Powell, desde un principio, supo que quería marcar la diferencia con su trabajo. De ahí que ahora sienta que los largos y accidentados viajes a las zonas más remotas de Laos han merecido la pena. “Cuando se presenta un proyecto se suele olvidar el trabajo que hay detrás, y creo que así debe ser porque lo importante son las vidas de los beneficiarios. Es lo que me motiva”.

Fuente: El País