Desmitificados los prejuicios sobre los alimentos transgénicos: son inocuos

Los alimentos transgénicos desde el principio nacieron con mucha polémica entre los que creían que podían ser perjudiciales para la salud. Las modificaciones genéticas en productos que iban a ser consumidos por humanos al principio no se veían con buenos ojos. Mucho se escribió sobre sus cualidades y sus defectos, pero ahora la ciencia ha hablado con el mayor informe sobre el tema. La Academia Nacional de Ciencias de EE.UU. acaba de hacer público un extenso estudio en el que concluyen que losalimentos transgénicos son inocuos para las personas.

En dicho informe se intenta poner fin a los numerosos mitos que han rodeado siempre a los productos modificados genéticamente. No han encontrado ninguna diferencia para la salud humana entre un vegetal transgénico y otro que no lo sea. Aunque no se queda ahí el texto de más de 400 páginas, tampoco hay evidencias de que se reduzca la diversidad de vegetales e insectos en los cultivos.

Este martes la Academia Nacional de Ciencias estadounidense dio a conocer su informe en una rueda de prensa en Washington. Ahí explicaron que han analizado 900 estudios científicos sobre la materia publicados en los últimos 30 años. La iniciativa fue supervisada por un grupo de expertos independientes y liderados por el entomólogo de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, Fred Gould.

El informe asegura que la línea para diferenciar entre los alimentos transgénicos y los naturales de cada vez es más estrecha. Las nuevas técnicas de edición genética se han perfeccionado cada día más y se está borrando la distinción entre la ingeniería genética y la producción convencional.

No son perjudiciales para la salud, pero tampoco rinden al nivel que auguraban al principio y no contribuyen a acabar con el hambre en el mundo.

Los alimentos transgénicos desde el principio nacieron con mucha polémica entre los que creían que podían ser perjudiciales para la salud. Las modificaciones genéticas en productos que iban a ser consumidos por humanos al principio no se veían con buenos ojos. Mucho se escribió sobre sus cualidades y sus defectos, pero ahora la ciencia ha hablado con el mayor informe sobre el tema. La Academia Nacional de Ciencias de EE.UU. acaba de hacer público un extenso estudio en el que concluyen que losalimentos transgénicos son inocuos para las personas.

En dicho informe se intenta poner fin a los numerosos mitos que han rodeado siempre a los productos modificados genéticamente. No han encontrado ninguna diferencia para la salud humana entre un vegetal transgénico y otro que no lo sea. Aunque no se queda ahí el texto de más de 400 páginas, tampoco hay evidencias de que se reduzca la diversidad de vegetales e insectos en los cultivos.

Este martes la Academia Nacional de Ciencias estadounidense dio a conocer su informe en una rueda de prensa en Washington. Ahí explicaron que han analizado 900 estudios científicos sobre la materia publicados en los últimos 30 años. La iniciativa fue supervisada por un grupo de expertos independientes y liderados por el entomólogo de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, Fred Gould.

El informe asegura que la línea para diferenciar entre los alimentos transgénicos y los naturales de cada vez es más estrecha. Las nuevas técnicas de edición genética se han perfeccionado cada día más y se está borrando la distinción entre la ingeniería genética y la producción convencional.

No son perjudiciales para la salud, pero tampoco rinden al nivel que auguraban al principio y no contribuyen a acabar con el hambre en el mundo.

Fuente: La Vanguardia

Más de la mitad de los países de la UE piden la restricción de cultivos OMG

16 países de la UE han solicitado a la Comisión Europea la restricción de cultivos de organismos modificados genéticamente (OMG).

Los países en cuestión son: Francia, Hungría, Polonia, Lituania, Austria, Grecia, Croacia, Letonia, Holanda, Reino Unido, Bélgica, Bulgaria, Alemania, Chipre, Dinamarca e Italia.

En el caso del Reino Unido, la restricción se refiere a Gales, Escocia e Irlanda del Norte y en el caso de Bélgica, a la región de Valonia. En el caso de Alemania, en la petición de prohibición se ha incluido una excepción para labores específicas de investigación.

Con la nueva normativa comunitaria que entró en vigor a principios de abril (Directiva 2015/412), los Estados miembros pueden pedir que se restrinja el ámbito geográfico de aplicación de una notificación o solicitud presentada, o de una autorización concedida, de un organismo modificado genéticamente (OMG). Para este año se ha establecido como plazo hasta el 3 de octubre de 2015.

Fuente: Agrodigital

Aerosoles genéticos, ¿una alternativa al desarrollo de los alimentos transgénicos?

La compañía biotecnológica Monsanto está trabajando en una alternativa al desarrollo de los alimentos transgénicos, se trata de una tecnología denominada BioDirect, desarrolla una especie de aerosoles genéticos basados en la interferencia por ARN, proceso por el que se produce un silenciamiento génico utilizando moléculas de ARN (ácido ribonucleico). El proceso de interferencia del ARN fue descubierto por Andrew Fire y Craig Mello en 1998, por lo que fueron galardonados en el año 2006 con el Premio Nobel, el proceso puso en marcha una línea de fármacos que bloquean los genes causantes de distintas enfermedades.

Pues bien, la nueva tecnología BioDirect que presenta Monsanto como una alternativa al desarrollo de alimentos modificados genéticamente, se basa en el mencionado proceso y tiene múltiples aplicaciones, basta con rociar las plantas que se pretenden proteger de la acción de los insectos y acabar con el 99% de la plaga. Pero también se puede utilizar con las malas hierbas, al rociarlas con el aerosol se bloquean determinados genes que provocan la muerte de estas plantas. En los denominados aerosoles genéticos también están trabajando otras grandes compañías biotecnológicas como Syngenta o Bayer, aseguran que son muchos los beneficios, ya que esta tecnología ofrece el control genético sin tener que modificar el genoma de una planta, es decir, ya no sería necesario crear cultivos transgénicos.

Monsanto ha llevado a cabo varias investigaciones en este campo, ha probado el nuevo aerosol con el escarabajo de la patata y los resultados han sido positivos, prácticamente se ha acabado con la plaga protegiendo a las plantas tradicionales de la patata. Los aerosoles genéticos podrían eludir una gran parte de la controversia que gira en torno a los alimentos transgénicos, recordemos que cada vez son más los consumidores que no quieren saber nada de ellos. Estos nuevos aerosoles tienen la capacidad de actuar rápidamente y de forma selectiva contra las plantas indeseables (malezas), plagas de insectos o virus y bacterias que atacan a los cultivos, para algunos expertos resulta mucho más eficaz el desarrollo de estas nuevas tecnologías que el desarrollo de nuevos alimentos modificados genéticamente.

Los efectos de la silenciación de los genes de RNA de interferencia duran unos pocos días o semanas, dependiendo del tipo, se habla incluso de poder proteger una cosecha de una sequía con un aerosol, es decir, que podría proteger a las plantas de la falta de agua, además se asegura que no afectaría al rendimiento de la planta. A través de la página oficial de Monsanto podemos conocer más detalles sobre estas denominadas soluciones sostenibles para la agricultura de la tecnología BioDirect, la compañía explica que es el resultado de su compromiso para ofrecer una amplia gama de soluciones para intentar ayudar a alimentar al planeta.

Monsanto explica que esta nueva tecnología aprovecha los procesos naturales para desarrollar productos con un gran potencial para la protección de los cultivos, que prácticamente se ha empezado a explorar y trabajar en esta nueva línea de productos y cree que brindará a los agricultores una amplia gama de aplicaciones que permitirán hacer frente a los cuatro retos a los que los agricultores se enfrentan en la actualidad, en todos los casos los proyectos se encuentran en las primeras etapas del proceso de investigación y desarrollo, BioDirect Control de Insectos, Biodirect Salud de Abejas, BioDirect Control de Virus y BioDirect Control de Malezas.
La compañía comenta que ha aprovechado la experiencia que tiene en el campo de la genómica para el desarrollo de la nuevatecnología BioDirect, utiliza moléculas que se encuentran de forma natural en la naturaleza para desarrollar la protección de los cultivos. ¿Por qué la compañía se sumerge en el desarrollo de productos biológicos agrícolas? Asegura que está comprometida con el apoyo a los agricultores y la demanda de los consumidores de llevar a cabo prácticas agrícolas sostenibles, esto representa un giro de 180º sobre lo que hasta hace poco declaraba sobre los alimentos modificados genéticamente. Recordemos que Monsanto también está trabajando desde hace algún tiempo en el desarrollo de alimentos no transgénicos, mejorados genéticamente utilizando material genético de la misma especie, como por ejemplo brócoli, cuyo contenido en antioxidantes es hasta tres veces mayor que el del brócoli tradicional, o melones de invierno con un 30% más de dulzor, de todo ello hablábamosaquí.

Hablando sobre esta nueva tecnología, un campo de naranjos puede ser invadido por una plaga de insectos que transmite una enfermedad, los agricultores en teoría simplemente deberían pulverizar sobre el cultivo el nuevo aerosol y esperar a que la situación estuviera bajo control, no serán necesarios arboles modificados genéticamente, ni el uso de pesticidas, lo que muestra las ventajas que tiene con respecto a la modificación genética.

Los aerosoles contienen moléculas que se degradan rápidamente (en días o semanas), según Monsanto no existe ningún riesgo para los seres humanos y el consumo de este tipo de moléculas no es más tóxico que beber un simple vaso de zumo, argumenta que los seres humanos consumen ARN cada vez que comen, por lo que no supone ninguna amenaza. Hay que decir que lo mismo decían de los cultivos modificados genéticamente que tanto rechazo están recibiendo, ¿ocurrirá lo mismo con los aerosoles genéticos? Queda mucho por investigar y esperemos que Monsanto y el resto de empresas biotecnológicas no cometan los mismos errores que han cometido con los transgénicos, es necesario que se ofrezca transparencia, que se permita conocer todo el desarrollo de estos productos, que se realicen estudios a largo plazo y a ser posible por investigadores independientes, ya veremos si es así.

Algo que asusta es la rapidez, Monsanto asegura que esta tecnología no tiene nada que ver con el desarrollo de alimentos modificados genéticamente, cree que no tendrá los problemas de la oposición pública ni con la legislación y tampoco sufrirá la lentitud con la que se desarrolla un alimento modificado genéticamente. De momento la tecnología BioDirect no convence a todo el mundo, primero habrá que demostrar de forma transparente que es eficaz y que no afectará al medio ambiente o la salud humana, si es así, su aplicación comercial será menos controvertida que la de los alimentos modificados genéticamente. Según leemos aquí, Monsanto está empleando muchos recursos en el desarrollo y control en el uso de los aerosoles genéticos contra plagas, malas hierbas y enfermedades, la compañía debe estar muy segura de que su producto será más aceptado.

Esto es sólo una breve introducción sobre un producto que podría sustituir a los alimentos modificados genéticamente, seguramente no tardaremos mucho en conocer nuevos detalles sobre la tecnología BioDirect y sobre el cambio que puede suponer para la agricultura mundial.

Fuente: Gastronomía & CÍA

TTIP: Transgénicos, anabolizantes, hormonas y otras “delicias” del paraíso

Se nos tacha de demagogos y radicales cuando nos oponemos frontalmente al contenido, (por lo que conocemos en materia de agricultura y alimentación), del Tratado de Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión entre la Unión Europea y Estados Unidos de América (TTIP), que se está negociando en estos momentos.

Los apóstoles de la desregulación globalizada de los mercados que predican la religión del máximo enriquecimiento posible, ocultando sus demonios especulativos y depredadores, nos anuncian el paraíso donde ya nos esperan quienes lo han alcanzado, entre santos y Monsantos. Siempre que no se lo estropeemos un poco, cuatro ignorantes alarmistas dedicados a asustar a la ciudadanía de este mundo.
¿Cómo puede ser malo un tratado que crearía el área de “libre” comercio más importante de la historia y de la actualidad, en volumen comercial, representando el 60% del PIB mundial? ¿A quién se le ocurre pensar en negativo, ante un crecimiento previsible del PIB comunitario de 120 mil millones de euros anuales y un aumento del valor del comercio transatlántico de medio billón de dólares al año? Y además con el añadido geoestratégico y geopolítico de hacer frente a otros paraísos emergentes como es el caso de China.

Pensar, si que pensamos que estas estrategias y macro-magnitudes extraordinarias, solo están a la altura de quienes las pueden digerir. Y experiencia sí que tenemos respecto a quienes se zampan todas las cifras del mundo mundial, engordando sin freno.

Y como simple consideración traigo a la memoria una cifra para algo de reflexión. Los defensores a ultranza del Tratado UE/EEUU argumentan en su favor la extraordinaria creación de nuevos empleos, algo fundamental estando tan necesitados en Europa y por descontado en nuestro país. Resulta que un Tratado que engloba la mayor parte de los sectores económicos, podría generar en las próximas décadas 400.000 nuevos puestos de trabajo en la UE. Aparte de las consecuencias en cuanto a nuevas regulaciones para los trabajadores, se antojan pocas expectativas laborales nuevas. ¿Sólo cuatrocientos mil? ¡Es una previsión oficial! ¿Tanto tratado para tan poco beneficio laboral y social? ¿Quién va a engordar entonces, zampándose las estupendas macro-magnitudes del Tratado? El conjunto de la ciudadanía no. Nosotros tampoco.

El sector agroalimentario es una parte pequeña dentro del conjunto de las negociaciones, pero esencial y estratégico para la ciudadanía pues está en riesgo la calidad y seguridad de nuestra alimentación diaria, están en juego un modelo alimentario y agrario sostenibles y de carácter social, la preservación del medio ambiente y rural, nuestra propia capacidad de decisión y por lo tanto el objetivo de soberanía alimentaria.

El sector agrario y alimentario resulta estratégico también por ser la nueva burbuja especulativa y depredadora de los grandes fondos de inversión, las grandes cadenas de distribución alimentaria y las multinacionales agroexportadoras y biotecnológicas, que presionan a los gobiernos a favor de políticas desregulatorias de los mercados mundiales, que les permitan operar a sus anchas, extendiendo su control y dominio absoluto sobre la producción y el comercio de los alimentos. Su presión es feroz a favor de TTIP, del Tratado Transatlántico.

Parece, en medio de la gran opacidad de las negociaciones, que quieren concluir el proceso negociador en el presente año 2015. Y parece que se están negociando en materia agroalimentaria incluso las líneas que responsables comunitarios consideran “líneas rojas”. Es decir aquello que la ciudadanía, de manera ampliamente mayoritaria no aceptaría, se está negociando. Por ejemplo, los estándares de seguridad alimentaria europeos, muy superiores a los americanos y que deben constituir una línea de defensa que no se debe traspasar. Pues bien, si se negocian no es para imponérselos a los EEUU sino para acordar mayor “flexibilidad”.

¿Están convencidos acaso los comisarios de la Comisión Europea, los presidentes y ministros del Consejo y los europarlamentarios del Parlamento Europeo, que los ciudadanos de la Unión están deseando que se abran nuestros mercados alimentarios a las carnes hormonadas con anabolizantes autorizadas en EEUU?, ¿o a los productos lácteos elaborados con leche producida con la inyección a las vacas de la hormona rBST, para multiplicar la producción, como se hace en América?, ¿o los pollos y otras carnes cloradas, para su higienización?, o ¿a la sarta de antibióticos inoculados a los animales, aquí prohibidos y allí autorizados?, ¿o a la entrada de un aluvión de productos transgénicos y la autorización masiva de su producción en Europa, tumbando el principio básico de precaución?, ¿ y también al recorte en nuestra normativa higiénico-sanitaria, de bienestar animal y de trazabilidad de los alimentos?

¿También desean los ciudadanos europeos que nuestras producciones de calidad diferenciada con Denominaciones de Origen, Indicaciones Geográficas Protegidas, Lábeles de Calidad y otras figuras, no sean reconocidas por EEUU y no se respeten sus códigos de calidad, sus normas y sus denominaciones en aquellos mercados, pudiendo fusilarlos a través de simples marcas sin condiciones, ni garantías?

Es decir, los responsables políticos e institucionales de la Unión Europea, ¿Consideran que los ciudadanos desean una deriva del modelo alimentario y de producción agraria, al servicio de los intereses mercantilistas y especulativos de multinacionales sin escrúpulos, en lugar de avanzar hacia una mayor calidad, seguridad, y sostenibilidad alimentarias?. ¿Qué los ciudadanos se traguen los anabolizantes mientras que un puñado de brokers de fondos de inversión se forran?. ¿O quizás van a ser tan falsarios e hipócritas de establecer un doble rasero?. Aquí, exigir producciones con los mayores estándares de seguridad y luego sálvese quien pueda en un mercado en el que todo vale.

Este Tratado se tiene que aprobar en el Parlamento Europeo y en cada uno de los 28 parlamentos de los países miembros. Veremos si los parlamentarios responden con su voto a los deseos y necesidades de la ciudadanía o por el contrario se entregan a otros intereses más poderosos y mucho más beneficiosos, para algunos. En nuestro país se retratarán en el Parlamento, los que ahora tan vehementemente levantan la voz en los innumerables mítines electorales, repartiendo promesas a diestro y siniestro. Vamos a ver, en Bruselas y aquí, que es lo que cumplen.

Fuente: El Diario

Los transgénicos, Europa y un viejo refrán

Los defensores de los alimentos llamados ecológicos no dudan en consumirlos con fruición a pesar de haber sido tratados con nicotina o sales de cobre, que son veneno puro; como razón dicen que “es que son sustancias naturales…”, como si “natural” fuera lo mismo que “inocuo”. Naturales son la cicuta y el arsénico y no cocinen con ellos… “Natural” y mortal es la oronja verde, y nunca, lector, pida que le hagan un revuelto con ella a no ser que esté muy cansado de la vida. Un poderoso veneno de peces es la rotenona, sustancia “natural” utilizada como insecticida en agricultura ecológica hasta que afortunadamente se prohibió en 2007 por daño ambiental. Y, sin embargo, es muy curioso lo que pasa con los organismos modificados genéticamente, los “transgénicos”, peligrosísimos según los ecofundamentalistas a pesar de ser los más analizados para garantizar su seguridad que hayan existido jamás… En fin…

Más curiosidades: los diabéticos, incluso los mayores detractores de los productos transgénicos, han de inyectarse insulina, como es bien sabido, a pesar de que toda la existente es insulina humana producida por microorganismos transgénicos. Pero no verá nadie una manifestación pidiendo que se prohíban ni la insulina ni el sinfín de tantas otras medicinas, detergentes, prendas de algodón, billetes de euro… todo plenamente satisfactorio sin un solo dato en contra tras un tercio siglo de uso general y continuado.

Pues bien, sin que exista una razón poderosa, los políticos europeos instituyeron un procedimiento de aprobación tan complejísimo que hace que la comercialización de un nuevo producto transgénico llegue a ser prohibitiva para las empresas tanto privadas como públicas: el coste medio de cada una de ellas es de unos diez millones de euros. Y no sólo es eso: es la reticencia a la aprobación en sí misma. La Unión Europea creó un organismo formado por excelentes científicos (la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria) para estudiar cada propuesta de nuevo producto y aconsejar a la autoridad competente su aprobación o rechazo. El estudio conlleva análisis bioquímicos, nutricionales, de toxicidad, alergenicidad, oncogenicidad, posibles efectos ambientales (un seguimiento mínimo de cinco años) y de cuantos otros se soliciten. Y aun así, el retraso en las aprobaciones con todos los informes positivos llega a superar fácilmente los cinco y en ocasiones sobrepasa los diez años. El lector se preguntará: “Si los informes científicos y técnicos de la Agencia establecida por la UE para ello son favorables ¿por qué ese bloqueo?” La razón la dio el Comisario europeo de Agricultura en 2006, no sé si malévola o inocentemente: “La autorización de nuevos OMG en la UE se basa en criterios científicos, pero este procedimiento no se acepta políticamente…”.

Pero, ¡ay!, que esta actitud conlleva contrapartidas penosas. Los demás países -y entre esos “demás” hay ya tantos de los llamados “en desarrollo” (Brasil, China, India…) como “desarrollados” (EEUU, Canadá, Australia…)- han seguido moviéndose. Exigiendo las mismas pruebas que en Europa, los trámites a seguir no están destinados al bloqueo sino a poner en circulación cuanto antes un producto seguro. Y así, cada año aumenta el número de cultivos con variedades transgénicas y el de tales variedades en cada cultivo, resolviendo problemas concretos de resistencia a insectos, a enfermedades, a ambientes adversos o a obtener productos industriales. Lamentablemente, para Europa, una parte importante de esos cultivos se destinan a alimentación humana y a pienso del ganado, pero no se pueden aprobar aquí por el absurdo sistema establecido… ¿Qué hacer, Dios mío, si en nuestros lares no se puede producir el pienso no transgénico necesario ni se puede aprobar el cultivo de las variedades que ya están comercializadas en Brasil, Argentina, EEUU…? Ah, pues muy sencillo, una solución genial: se aprueba la importación de productos transgénicos para pienso y alimentación pero no su cultivo… ¡Fantástico…! O sea, que podemos comerlos, pero no cultivarlos… Y encima dicen que pretenden mantener al agricultor en el campo en una Europa verde…

La última hazaña ha sido la aprobación, en el pasado mes de abril, tras año y medio de parálisis total, de 17 variedades de maíz, soja, colza, algodón y dos de clavel, pero salvo dos renovaciones de sendas variedades de maíz, todas las restantes son para importación, no para cultivo. Todas ellas habían superado los controles científicos de seguridad de la EFSA; la propia Comisión Europea reconoce que “todos los OMGs autorizados por la UE han demostrado ser seguros antes de su puesta en el mercado europeo”. Y, por supuesto, los productos estarán sujetos a las normas de etiquetado y trazabilidad europeas.

¿Puede alguien explicar la lógica de esta sabia decisión, importar pero no cultivar? Un dicho popular bien conocido nos dice que “quien con sus manos se capa, buenos coj… se deja…”. Ay, Europa… ¿dónde estarán ya los tuyos…?

Fuente: Diario de Sevilla

Manzanas bellas y patatas sanas: para americanos

Pronto habrá en los mercados unas manzanas de pulpa blanca y hermosa que no pardeará en la macedonia, y unas patatas que contendrán menos acrilamida cancerígena después de freírse. Pero solo en los mercados norteamericanos. Esas dos nuevas variedades son transgénicas, y no llegarán a Europa pese a haber superado los controles ambientales y sanitarios de las agencias de Estados Unidos, que son los más exigentes del mundo. El problema de la Unión Europea con los alimentos modificados genéticamente no es científico, sino mucho más grave: una especie de religión burocrática impermeable a las pruebas. ¿Patatas y manzanas? Americanas, gracias.

Cualquiera que haya cortado una manzana en cuatro trozos y haya esperado un par de horas para comérsela habrá visto con agustia lo que ocurre: la pulpa expuesta al aire se vuelve marrón y adquiere un aspecto mugriento que raya en lo incomestible. La razón son unas enzimas llamadas polifenol-oxidasas que, como indica su ingenioso nombre, se dedican a oxidar los polifenoles. Los científicos deOkanagan Specialty Fruits, una pequeña firma de agricultura biotecnológica basada en la ciudad canadiense de Summerland, han ideado una forma de reducir la actividad de esas enzimas, y han creado así unas frutas (manzanas árticas) que apenas pardean. Transgénicas, por supuesto: la madre naturaleza no tiene el menor interés en alegrar la vista de los consumidores.

El caso de la patata innata desarrollada por la firma de IdahoSimplot Plant Sciences es aún más interesante. Comparte con la manzana de Okanagan la reducción de la actividad oxidante de las enzimas —lo que evita el feo aspecto de las magulladuras que sufren estos tubérculos durante el transporte—, pero contiene además unas modificaciones metabólicas que reducen su cantidad de acrilamida, un compuesto tóxico y cancerígeno que surge al freírlas y que lleva 10 o 15 años preocupando a los reguladores sanitarios de los países occidentales. También es transgénica, por supuesto.

El rechazo de los grupos ecologistas y de consumidores occidentales a los alimentos transgénicos se debe a argumentos medioambientales y de salud pública. Las nuevas patatas y manzanas modificadas genéticamente, sin embargo, han superado las pruebas medioambientales y sanitarias más exigentes que existen en el mundo. El departamento de Agricultura estadounidense les dio luz verde el año pasado como inocuos para otros cultivos y el medio ambiente, y la agencia de seguridad alimentaria del mismo país(FDA, o Food and Drug Administration) las acaba de declarar aptas para el consumo humano.

En el enquistado debate sobre los alimentos transgénicos en Europa, la manzana ártica y la patata innata representan otras dos innovaciones de gran importancia. “Hasta ahora, las semillas transgénicas comercializadas suponían una ventaja para el fabricante o para el agricultor”, explica el presidente de la European Plant Science Organisation (EPSO), José Pío Beltrán. “Las nuevas patatas y manzanas están diseñadas sobre todo por el bien del consumidor”. La EPSO agrupa a 28.000 científicos de 220 institutos de investigación de 30 países europeos.

La segunda novedad de las patatas y manzanas transgénicas es de una índole más técnica, aunque no menos relevante. Las plantas transgénicas tradicionales se generaban introduciendo un gen extraño —por ejemplo, bacteriano— en el genoma de una especie vegetal. Esta clase de saltos entre especies ha propiciado queGreenpeace y otros grupos ecologistas califiquen los organismos genéticamente modificados de Frankenfood (comida Frankenstein) y los descalifiquen como engendros contrarios a los designios de la naturaleza.

Pero los nuevos productos no llevan ningún gen extraño a los propios de la patata o de la manzana naturales. Se basan en una tecnología llamada ARN de interferencia, que consiste en tomar piezas de ADN de la propia planta —como los genes de las polifenoloxidasas que pardean la pulpa— y utilizarlos para atenuar la expresión, o grado de activación, de esas mismas enzimas en las células de la planta natural. “En el resultado final ni siquiera hay vectores ni genes de resistencia a antibióticos extraños a la planta”, asegura Pío Beltrán. “La patata y la manzana son en el fondo tan naturales como las especies de que proceden”.

Pero nada de esto servirá para aprobar estos productos en Europa, cuya legislación no atiende tanto a argumentos científicos como a prejuicios y consideraciones de conveniencia política. “De momento no se ha presentado ninguna solicitud para aprobar la patata y la manzana en Bruselas”, dice el director general de Producción y Mercados Agrarios del Gobierno español, Fernando Miranda. “Y aun cuando se presente, la experiencia nos dice que los protocolos de aprobación pueden llevar más de diez años, y ninguna empresa puede programar sus inversiones con esas expectativas”.

La regulación europea sobre transgénicos cambió en enero pasado. A partir de ahora existe la posibilidad del opt out (excluirse), por la que cualquier país podrá aprobar un nuevo cultivo transgénico pese a la recomendación contraria de la Comisión Europea, siempre que la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, European Food Safety Authority) haya dado la luz verde científica.

Pero las empresas no consideran muy atractivo un mercado donde solo dos o tres países miembros puedan aprobar sus productos, ni que un Gobierno pueda aprobar una planta transgénica en la presente legislatura y el siguiente la prohíba sin siquiera la necesidad de presentar argumentos científicos para ello.

En conclusión, las manzanas y patatas que según los científicos serán más convenientes y sanas que las naturales, no llegarán a los mercados europeos en un plazo previsible.

Fuente: El País

Una técnica para fabricar transgénicos seguros

En la novela Parque Jurásico (1990), Michael Crichton ideó unos dinosaurios con ADN modificado genéticamente que solo eran capaces de sobrevivir con un aminoácido, la lisina, que tenían que suministrarles sus creadores. El propósito era que no pudieran escaparse de la isla donde vivían y es, en cierta forma, la idea que pulula por el mundo de los organismos modificados genéticamente (OMG o transgénicos) desde la década de 1970: buscar una forma de contención, una manera de impedir la proliferación de unos compuestos que, a pesar de su demostrada utilidad en muchos campos, sigue generando preocupación social. El símil lo aporta el director del Laboratorio de Microbiología medioambiental molecular del Centro Nacional de Biotecnología (CNB), Víctor de Lorenzo, a raíz de la publicación hoy en Nature de dos estudios que suponen unimportante avance en la deseada garantía de seguridad de los OMG.

Lo que han conseguido de forma parecida dos grupos estadounidenses -de las universidades de Harvard y Yale- es crear una bacteria modificada genéticamente, cuyos genes sólo codifican para un aminoácido que no existe en la naturaleza. Así, en el hipotético caso de que esa bacteria -o cualquier otro OMG en el que se reprodujera el proceso- escapara al control de sus creadores sería incapaz de sobrevivir. También de mezclarse con especies naturales similares porque, de hecho y como subraya de Lorenzo, “es una suerte de bacteria cyborg”, en la que por primera vez se consigue un organismo vivo con cualidades sintéticas.

Los equipos dirigidos por el mediático George Church, que habló en su día de la posibilidad de clonar un Neandertal y Farren Isaacs, respectivamente, han llevado a cabo, de nuevo en palabras de de Lorenzo, “una tarea mastodóntica”. Lo explica Josep Casacuberta, investigador del Centro de Investigación en Agrigenómica: “Cada proteína está formada por 20 aminoácidos esenciales, que están codificados en tripletes de letras en el ADN, cada uno de los cuales codifica un aminoácido. Los investigadores han sustituido uno de estos tripletes por otro que sólo codifica para un aminoácido que no existe en la naturaleza”.

La consecuencia inmediata de este cambio genético, que ellos han llevado a cabo en la bacteria Escherichia coli, es que la única manera que tiene este organismo de crecer es cuando alguien le suministra ese aminoácido que no existe de forma natural. “Han convertido a esta bacteria en dependiente estricta de un suplemento de un aminoácido que no existe”, subraya Casacuberta.

Manel Porcar, investigador del Institut Cavanilles de Biodiversitat y Biologia Evolutiva de la Universidad de Valencia, utiliza una metáfora clara para definir el hallazgo: “Han creado esclavos metabólicos, resistentes a mutaciones” y continúa: “Han logrado hacer esta forma de vida incompatible con la vida tal y como se conoce, se podría equiparar a una supuesta forma de vida alienígena en la que una pata es artificial”.

Si bien todos los investigadores consultados por EL MUNDO coinciden en señalar su entusiasmo por el avance publicado enNature, éste decae a la hora de hablar de sus implicaciones prácticas. En teoría, podría acabar con las preocupaciones de los críticos a los usos más comunes de los OMG, como los agrícolas, porque es el mecanismo de biocontención más robusto creado hasta la fecha.

Para Casacuberta, la aplicación práctica más cercana estaría en labiorremediación, el uso de bacterias para solucionar problemas de contaminación ambiental. “No podría colonizar otros ecosistemas porque en ellos no estaría el aminoácido que se le tiene que añadir para su supervivencia”.

Casacuberta, por su parte, apunta a la distinta complejidad de llevar a cabo la técnica con la bacteria que han utilizado los estadounidenses y con otros organismos. “Una E. coli tiene alrededor de 4.000 genes, mientras que una planta tiene entre 25.000 y 40.000 estamos hablando de algo muchísimo más grande, por lo que sustituir todos los lugares donde está el triplete modificado sería mucho más complicado”, señala el investigador catalán.

Fuente: El Mundo