Nuevos problemas

Tras haber alcanzado un notable éxito en la reducción del hambre, Europa debe ahora afrontar el reto de que los alimentos aseguren algo más que la supervivencia, y permitan una vida saludable. Como responsable de una organización mundial de lucha contra el hambre, nada me produce más satisfacción que ver cómo una amplia región del mundo garantiza la seguridad alimentaria de su población.

Con 53 países miembros y una organización miembro, Europa y Asia Central forman la región más grande de la FAO, que se extiende por 13 husos horarios desde el Atlántico hasta el Pacífico. Nuestros datos muestran que en casi todos los países que la forman se ha logrado reducir la inseguridad alimentaria a menos del 5% de la población. Y la cifra absoluta de víctimas del hambre ha disminuido al menos un 40% desde 1990.
Desafortunadamente, el desafío no termina aquí.

La malnutrición —a diferencia de la subalimentación (insuficiencia calórica)— es un problema que afecta a toda la región. Tiene muchas formas: deficiencias de micronutrientes, retraso del crecimiento, emaciación, sobrepeso y obesidad. De hecho, la mayoría de los países de la región tienen tasas alarmantes de obesidad: más del 20% en los adultos. La malnutrición tiene costes sanitarios, sociales y económicos que ninguna sociedad puede permitirse el lujo de soportar.

¿Por qué está ocurriendo esto? Porque en el momento en que los países superan el problema secular del hambre, las dietas y estilos de vida de la gente experimentan la influencia negativa de la globalización, la transición de la nutrición, y otros cambios. Las transformaciones económicas y sociales —incluyendo mayores ingresos en muchos países pobres y de ingresos medios y la fácil disponibilidad de alimentos procesados a precios relativamente baratos— están dando lugar a cambios en los patrones de alimentación que hacen aumentar las tasas de obesidad. Otros cambios en el estilo de vida —como la menor actividad física— han hecho que la situación empeore.

Garantizar el acceso a alimentos adecuados, nutritivos e inocuos para una población en aumento es uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo. El problema se ve agravado al intensificarse la competencia por los escasos recursos naturales y al dejarse sentir los efectos adversos a largo plazo del cambio climático.

Para Europa y Asia Central, el reto actual es atravesar esta etapa provisional poco saludable lo más rápidamente posible, hacia dietas y hábitos alimenticios que sean variados, nutritivos, inocuos y sostenibles.

Dimos un paso importante en la dirección correcta con la Segunda Conferencia Internacional sobre Nutrición en noviembre de 2014, cuando los países adoptaron la Declaración de Roma sobre la Nutrición y un marco de acción para poner fin a todas las formas de malnutrición. Los firmantes se comprometieron a mejorar los sistemas alimentarios sostenibles mediante el desarrollo de políticas coherentes, desde la producción hasta el consumo, y en todos los sectores pertinentes para proporcionar acceso todo el año a alimentos que satisfagan las necesidades nutricionales y promover dietas saludables, inocuas y diversificadas.

Para tener éxito, los países tendrán que poner en marcha políticas adecuadas para reformar el sistema alimentario, reducir las pérdidas y el desperdicio de alimentos, que sea más fácil para los consumidores elegir alimentos saludables, empoderar a las personas con educación nutricional, ofrecer un etiquetado preciso de los alimentos, promover cultivos como las legumbres, desarrollar la agricultura local en pequeña escala y vincular a los agricultores con los mercados.

Esta semana, los países de Europa y Asia Central abordarán el tema de las dietas poco saludables y otras cuestiones relacionadas con la agricultura y la alimentación cuando se reúnan en Antalya, Turquía, con motivo de la 30ª Conferencia Regional de la FAO para Europa. Ministros y otros delegados y representantes de la sociedad civil y el sector privado discutirán los problemas y las soluciones y establecerán las prioridades para el trabajo de la FAO en la región en los próximos dos años.

Las sociedades de Europa y Asia Central tienen hoy la oportunidad de elegir un futuro saludable, y la FAO está dispuesta a ayudarles en esa elección.

Fuente: El País

Nueva pirámide de la Alimentación Saludable: cambios y consejos

Durante los dos últimos años, la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC) ha estado actualizando las ‘Guías Alimentarias para la población española’. Para ello, ha considerado los problemas de salud más frecuentes con un enfoque de salud pública, los hábitos alimentarios más prevalentes, así como la práctica de actividad física y sedentarismo en nuestra población. También ha tenido en cuenta el actual contexto socioeconómico cultural. El resultado es un informe técnico-científico con recomendaciones para mejorar la salud a través de la alimentación y de un estilo de vida más activo. Su símbolo más conocido es la pirámide de la alimentación saludable, que presenta unas cuantas novedades. De la mano de Javier Aranceta, presidente del Comité Científico de la SENC, la recorremos peldaño a peldaño.

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Fuente: Consumer

Alimentos divertidos para niños: casi siempre insanos

Los padres disfrutan cuando su hijo se come lo que hay en la mesa, por lo que son proclives a adquirir alimentos que saben que tendrán éxito. De ahí que muchos de los productos que se encuentran en las tiendas estén diseñados para llamar la atención de los niños. Pero, ¿y si comprar estos alimentos resulta contraproducente? Es decir, ¿y si se desequilibra la dieta de los pequeños? Aunque es justo lo contrario de lo que persigue cualquier padre o cuidador sensato, es lo que observó la doctora Charlene Elliott en un estudio pionero, al que siguieron otros de características -y resultados, por desgracia- similares.

Envoltorio bonito, baja calidad nutricional
La doctora Elliott publicó en 2008 un interesante análisis centrado en una de las “cuatro pes” del marketing: el producto. En concreto revisó los productos alimenticios dirigidos a niños que hay en los supermercados, a los que bautizó como “alimentos divertidos”, por su atractivo envoltorio diseñado para atraer al menor. Su estudio, recogido en la revista Obesity Reviews, llegó a una conclusión poco halagüeña: cerca del 89% de los alimentos analizados podrían clasificarse como “de baja calidad nutricional”, a causa de sus altos niveles de azúcar, grasa o sal. El dato resulta todavía más revelador si se tiene en cuenta que eliminó de su análisis cualquier producto que perteneciera a la categoría que ella denominó “comida chatarra”: “refrescos”, bollería, confitería, dulces, aperitivos grasientos o salados.

Alimentos divertidos: tres grandes categorías
La doctora Elliott clasificó los productos analizados en tres categorías: alimentos que no necesitan refrigeración, alimentos refrigerados o congelados y lácteos. En el primer grupo están los cereales “de desayuno”, las barritas de cereales, los púdines o los zumos. Pues bien, el 90% de los cereales analizados presentó una baja calidad nutricional debido a su alto contenido en azúcar. También destacó por el azúcar la categoría “refrigerados/congelados”, pero hubo también notables dosis de grasa y la sal. En este grupo se hallan productos como almuerzos envasados, productos precocinados, pizzas o patatas fritas congeladas. En los lácteos no hubo altos niveles de sal, pero sí de azúcar, en concreto en el 77,4% de los productos analizados (yogures, bebidas lácteas, batidos de cacao, etc.).

Solo un 1% de los alimentos estudiados fueron frutas y verduras, porque no se acompañaban de reclamos dirigidos a niños. En realidad, ese 1% se redujo a manzanas cortadas a trozos y zanahorias pequeñas. Una muy baja representación de la amplia variedad de frutas u hortalizas que gustan a los pequeños. Si a ello se suma que el 63% de los “alimentos divertidos” se acompañaban como mínimo de una declaración de salud en su envoltorio (por ejemplo, “rico en hierro”), se entiende por qué la doctora Elliot incluyó esta reflexión en su trabajo: “La industria alimentaria se identifica a menudo como un importante contribuyente al problema de la obesidad infantil”.

Posible implicación en la obesidad infantil
Los resultados del estudio de la doctora Elliot, corroborados por trabajos posteriores, como el publicado por la doctora Paola Letona y sus colaboradores en diciembre de 2014 (BMC Public Health), son preocupantes. Y lo son, sobre todo, por su posible implicación en la actual epidemia de obesidad infantil. Tanto el atractivo de estos productos como su composición nutricional puede generar que los niños no solo desequilibren su dieta sino que consuman más energía de la necesaria. Como se justificó en el artículo ‘Unas cuantas calorías de más, implicadas en la obesidad infantil’, es probable que tan solo entre 70 y 160 kilocalorías diarias “de más” estén implicadas en la génesis de la obesidad de los menores.

¿Qué hacemos los padres?
Conviene que los padres sean conscientes de que no tienen que hacer nada en especial para que sus hijos sigan una dieta saludable, más allá de predicar con el ejemplo y tener en casa una oferta amplia de alimentos saludables, según se explica en el artículo ‘Dieta infantil: dos claves para mejorarla’.

La Academia de Nutrición y Dietética, en su documento ‘Guía nutricional para niños sanos de entre 2 y 11 años’, detalló que los progenitores, además de saber reconocer y respetar las señales de hambre y saciedad del pequeño, deben “proporcionar oportunidades estructuradas para comer, un apoyo apropiado en función del desarrollo del niño, y alimentos adecuados, sin coaccionar al niño para que coma”. A ello añadió algo que no se debe olvidar: los menores son responsables de determinar si comen o no y en qué cantidad lo hacen, de entre lo que se les brinda. Si lo que se les ofrece es comida sana, comerán comida sana, sin necesidad de disfrazarla ni acompañarla de decoraciones especiales.

Fuente: Consumer

Los unicornios están en el sector de la alimentación

Que las startups son un importante motor de la economía de cualquier país no es ninguna novedad. Los medios, las grandes empresas y, sobre todo, los grandes inversores tienen sus ojos puestos en estas nuevas compañías esperando que una de ellas sea la que les dé el gran retorno. Aquellas nuevas empresas que alcanzan una valoración superior a los 1.000 millones antes de salir a bolsa se les conoce como unicornios. Más noticias en la revista gratuita elEconomista Alimentación

Es el caso de Google, Facebook, Airbnb, Uber… Ahora, es el momento de la alimentación. Los grandes fondos ya no esperan que surjan nuevos Unicornios en servicios relacionados con Internet, ese mundo está cerca de llegar a la madurez. Ahora el foco está en las Foodtech startups, iniciativas en torno a la comida.

Y es que estas empresas están encabezando este movimiento de transformación del sector de la alimentación al que llamamos Food Revolution. Cientos de pequeñas compañías en todo el mundo están rediseñando cómo cultivamos alimentos, qué comemos, cómo lo comemos y dónde y qué compramos.

Relevancia
Para que nos hagamos una idea de su relevancia actualmente, en EEUU el 29% de la población postea fotos relacionadas con comida, el hashtag #foodporn genera más de 308.456.900 impresiones diarias. En televisión triunfan los concursos de cocina, los chefs se han convertido en estrellas y hay un interés cada vez mayor por la comida orgánica o ecológica y por los alimentos saludables. La comida y todo lo relacionado con ella es una tendencia consolidada.

El capital riesgo no es ajeno a esta tendencia y está apostando de manera considerable por este tipo de compañías. Las empresas relacionadas con comida y bebida atrajeron 373 millones de dólares de inversión sólo en el mes de octubre de 2015. Muchas son las áreas donde estas startups están desarrollando su actividad, pero en Lantern hemos identificado en el estudio 12 tendencias que lideran las Food Startups las más relevantes y las que, a nuestro juicio, están cambiando el panorama del consumo.

La primera de ellas es la e-conveniencia, todo aquello relacionado con el comercio electrónico de la alimentación y sobre todo sobre su logística, con el cómo acercar la compra a casa. Aquí tenemos interesantes ejemplos españoles como Comprea, Deliberry, LolaMarket o La Cesta del Mercado, que tienen una red de compradores que hacen la tarea por ti. O supermercados únicamente online, optimizados y enfocados en prestar un servicio excelente como Tudespensa.com o Ulabox.

Food curators
Por otro lado en este sector, los food curators ofrecen una selección limitada y personalizada de productos y marcas. En un mundo tan global y con tanta oferta de producto e información, se hace cada vez más difícil elegir y saber qué comprar. Aquí es donde servicios como Wineissocial hacen la tarea por ti eligiendo, con ayuda de reputados sumillers, en este caso, un conjunto de vinos que son enviados mensualmente a tu casa. Pero también existen servicios como Buyfresco que selecciona y envía alimentos, propone un menú y da recetas para poder prepararlas. Se acabó eso de pensar en qué voy a comprar y qué voy a comer.

La sostenibilidad y la responsabilidad son, también, cada vez más, un driver de consumo. En este entorno cada vez surgen más compañías que centran su propuesta de valor precisamente en desarrollar conceptos que contribuyen a un entorno mejor como Luraki, una aplicación móvil que pone en contacto a productores y consumidores a través de la geolocalización. Y con la aspiración de ofrecer una alimentación sostenible en el planeta, las startups nacidas en garajes de Silicon Valley están convencidas de que pueden cambiar la forma en la que comemos: carne elaborada en un laboratorio o fabricada a partir de vegetales ya se puede comprar en algunos supermercados.

Por un lado, tenemos startups como Exo Foods o Bitty que elaboran productos como barritas y galletas a partir de harina hecha con grillos. Y por otro, empresas que están dispuestas a hacer cambiar nuestra concepción sobre qué es carne o la mayonesa. Hampton Creek elabora salsa de mayonesa prescindiendo del huevo y de productos animales. Impossible foods está elaborando productos sustitutivos de la carne enfocados a los más carnívoros, y por si esto fuera poco, Modern Meadow ya ha logrado desarrollar la primera hamburguesa creada en un laboratorio.

Salud y sostenibilidad
Y es que además de la sostenibilidad, la salud es otro de los pilares de la nueva industria alimentaria. Los nuevos superalimentos como la quinoa, el teff o las algas serán cada vez más comunes entre aquello que ingerimos. Compañías como la valenciana Natural Functional Foods aglutinan ambos criterios elaborando alimentos más ricos en nutrientes de una manera más sostenible. Al igual que hacen Symborg o Vermidesing que aprovechan los recursos de la naturaleza para mejorar las cosechas.

En este ámbito más rural, también hay una gran explosión de startups en lo que denominamos Big Data Rural. Empresas españolas como Cubenube con su producto Bynse, o Fruitbull, Cropti y Agroguía, ponen la tecnología al alcance de los agricultoresl. Pero desde luego, las grandes innovaciones vienen desde el punto de vista del consumidor, de la persona. Cada vez seremos más los que cultivemos verduras y hortalizas, seremos más Growsumers, algo que ya hacen empresas como Growinpallet, Citysens o Ecohortum.

La cocina también sufrirá grandes cambios gracias a startups como Natural Machines que ha desarrollado la primera impresora 3D de alimentos. Y finalmente las experiencias gastronómicas, con empresas como Kitchensurfing o Tasting Collective que hacen del disfrute gastronómico un negocio. En definitiva un buen conjunto de nuevas tendencias y oportunidades de negocio que muchas jóvenes empresas están impulsando y desarrollando.

Fuente: El Economista

La hamburguesa ‘imposible’, la carne ‘in vitro’, insectos y subproductos cárnicos

Lo queramos o no, nos guste más o menos como alimento, lo cierto es que en el futuro se va a consumir más carne que ahora”, a pesar de las advertencias de la Organización Mundial de la Salud o de las corrientes veganas y vegetarianas que promueven lo contrario. Así lo aseguró Jorge Ruiz, profesor de Ciencias de los Alimentos, especialidad Tecnología de la Carne, en la Universidad de Copenhague, durante su intervención en el V Foro de Reflexión Gastronómica, Gastronomía y Salud, celebrado esta semana en Zaragoza bajo los auspicios de HERALDO.

Dentro de la ponencia ‘Novedades científicas y tecnológicas en el tratamiento de los alimentos’ –en la que estuvo acompañado del químico Juan Carlos Sanz y de Rosa Oria, catedrática de Ciencia y Tecnología de los Alimentos en la Universidad de Zaragoza–, Ruiz vaticinó que el hecho de que la carne gusta a mucha gente, que tiene una arraigada tradición en el consumo humano, es una buena fuente de proteínas, de vitaminas y minerales, y es muy accesible y fácil de cocinar, hará que su consumo vaya para arriba. Así, las previsiones apuntan que en 2050, se consumirá más del doble de carne de pollo que en 2005. La carne de vacuno también se incrementará en un 65%, la de porcino en un 43% y la de ovino también doblará su demanda.

Y todo eso a pesar de que cada vez hay más factores que juegan en contra del carnivorismo, como los medioambientales, los sanitarios, la cada vez mayor preocupación por el bienestar animal o la tendencia al incremento del número de veganos, incluso entre las clases sociales altas y en sectores con gran capacidad de influencia en la sociedad, por no hablar de los precios, la mayoría de las veces más caros que otros alimentos agrícolas o marinos.

Los sucedáneos

Como en otros sectores de la economía y sus respectivos medios de consumo, en alimentación se viene investigando y trabajando en los últimos años para buscar sustitutivos de la carne que sean menos dañinos con el medio ambiente y más saludables.

Mucho se ha hablado, por ejemplo, de las hamburguesas vegetales que imitan a la auténtica hamburguesa de carne. Incluso hay una hamburguesa ‘imposible’ que segrega unos jugos que intentan remedar a la jugosa hemoglobina que se desparrama desde la carne picada. Estas hamburguesas se elaboran fundamentalmente con proteína de soja, setas, gluten, ovoalbúmina y carbohidratos e hidrocoloides, además de aromas y otros aditamentos. Pero estas imitaciones no son igual que las originales y, además, cuestan más que las de carne auténtica.

Otra vía de investigación pasa por crear carne ‘in vitro’, a partir de células madre, lo que sería la panacea que contentaría a carnívoros y veganos, pues se evitaría cualquier sufrimiento animal. Ya se han hecho catas de hamburguesas con esa carne, aunque dicen que no es ninguna delicia y su precio es desorbitado. En cualquier caso, Ruiz aseguró que este sistema solo podría aplicarse a la fabricación de hamburguesas y no será posible comer jamón ni chuletón de laboratorio. La razón más de peso para invertir en esta línea de investigación sería la de conseguir productos “seguros y saludables”, que es por donde tiene que ir la alimentación del futuro, según este experto.

Otra manera de conseguir proteínas que sustituyan a las de la carne es el consumo de insectos, algo que puede ser más o menos habitual en determinadas culturas gastronómicas, pero que se antoja imposible por estos lares.

Una solución menor para reducir el impacto ambiental sería aprovechar al máximo el consumo de las canales, comiendo partes que ahora se consideran subproductos, como la casquería. Eso, en nuestro recetario es más llevadero, como lo prueban los ricos preparados que hacemos con las tripas y entrañas de algunos animales: callos, madejas o chiretas, sin ir más lejos.

Fuente: Heraldo

Los eurodiputados votan por mayoría prohibir la clonación de ganado en la Unión Europea

Las comisiones de Agricultura y Desarrollo Rural y de Medio Ambiente y Salud Pública del Parlamento Europeo votaron por amplia mayoría a favor de prohibir la clonación de ganado en la Unión Europea (UE). Además, también pidieron impedir que se pongan a la venta en la UE los alimentos provenientes de clones o de sus descendientes procedentes de terceros países. En la actualidad, para comercializar carne de clones en la UE es necesario una aprobación previa basada en una evaluación científica de la seguridad alimentaria, evaluación que debe realizar la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria.

Por el contrario, abrieron la puerta a la clonación con fines como la investigación, la conservación de especies raras o amenazadas, y el uso de animales para producir dispositivos farmacéuticos o médicos.

Los eurodiputados consideraron que existen pruebas científicas sobre la salud delicada de algunos animales a causa de la clonación, además de las cuestiones éticas y para la salud que puede cuestionar.

Asimismo, se destaca que la propia Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria admitió en su opinión de 2008 y reconfirmó en 2009 y 2010 problemas de salud y el bienestar animal, dada las elevadas tasas de mortalidad relacionadas con la tecnología de clonación.

El texto de las comisiones europarlamentarias recibió 82 votos a favor, 8 en contra y 8 abstenciones.

Productores y expertos ven innecesario el uso de animales clonados en la UE

Por su parte, productores y expertos españoles ven innecesario el uso de animales clonados y sus productos en la UE, por lo que apoyan la decisión tomada hoy por las comisiones de Agricultura y Salud Pública del Parlamento Europeo a favor de prohibir la clonación de ganado en el mercado comunitario.

En declaraciones a Efeagro, uno de los miembros del Grupo Europeo de Ética de las Ciencias Pere Puigdomènech ha informado de que esta asociación elaboró una opinión científica basada en cuestionarios a la opinión pública sobre este asunto que trasladó posteriormente a la CE.

Según Puigdomènech, se obtuvieron dos informes -uno estadounidense y otro europeo- en los que se descartaron que la clonación de animales y sus alimentos derivados supusiesen riesgo alguno para la seguridad alimentaria de los ciudadanos.

También se estudiaron aspectos de bienestar animal ya que, para conseguir el nacimiento de un animal clonado con buenas aptitudes, es necesario implantar embriones a un número elevado de hembras reproductoras.

De hecho, ha recordado que, para que naciese la oveja Dolly, tuvieron que implantar embriones a más de 200 ovejas, ya que muchas de ellas abortaron, murieron o sus corderos nacieron con malformaciones, según el experto.

A pesar de que las técnicas han mejorado “mucho” en este campo, aún se siguen dando casos de este tipo, por lo que este es uno de los “problemas más importantes” que acarrea la clonación. Otro argumento en contra de dicha clonación es la biodiversidad, que se ve reducida ya que los animales clonados son genéticamente idénticos a su progenitor y por tanto se reduce la variabilidad genética.

Puigdomènech ha señalado que los “limitados” beneficios de la clonación no compensa los riesgos en biodiversidad y bienestar animal y por eso apoya la intención de la UE de prohibir la clonación de ganado de granja y las importaciones de productos de animales clonados.

Se debería cerrar el acuerdo antes de que se pueda firmar el TTIP

Por su parte, el responsable de Ganadería de COAG, José Luis Iranzo, ha valorado que las dos comisiones de la UE hayan estado “ágiles y rápidas” en la toma de decisión.

Ha mostrado la necesidad de que el Parlamento Europeo apruebe esta prohibición antes de que la UE cierre el Tratado de Libre Comercio (TTIP) con Estados Unidos porque, de lo contrario, sería “difícil vetar” la entrada de productos y animales clonados.

No obstante, ha indicado que la mayor parte de las autoridades comunitarias y los Estados miembro están de acuerdo en este asunto, por lo que espera que la Cámara europea lo apruebe este verano. Mientras tanto, fuentes de UPA han mostrado su convencimiento de que los consumidores europeos “no quieren que esos animales lleguen al mercado”.

Desde esta organización han indicado que la sociedad “rechaza” el consumo de estos productos por lo que UPA no ve la clonación “como algo cercano en el panorama actual”. No obstante, ha hablado de que tendría ventajas “teóricas”, como asegurar la homogeneización de los animales, reproducir animales con alta genética y con mejor adaptación y conseguir canales con idénticas características y con niveles de conversión elevados.

Fuente: Agroinformación

La UdL, segunda universidad del mundo en investigación sobre alimentación

La Universitat de Lleida (UdL) es la segunda institución científica más influyente del mundo en cuanto a ciencia y tecnología de los alimentos, según un estudio elaborado por la compañía Thomson Reuters sobre el estado de la innovación en este campo.

Según ha informado el centro, Thomson Reuters, propietaria de la Web of Science, un servicio en línea de información científica con 36 millones de registros de más de 230 disciplinas, sitúa a la UdL sólo por detrás de la University of British Columbia, en Canadá.

El informe ‘The future is open. 2015 State of Innovation’, que se acaba de publicar, destaca que los investigadores de la UdL han publicado 565 artículos sobre ciencia y tecnología de los alimentos entre 2004 y 2014.

El impacto de las citas, es decir, cuántas veces se hace referencia a las publicaciones respecto a la media de este área, es de 1.81.

En el caso de la University of British Columbia, se contabilizan 400 artículos, con un impacto de las citas de 1.99.

En tercer lugar se halla la Universidad estatal de Dakota del Sur, en Estados Unidos, con 317 artículos y un impacto de 1.79.

En el caso de la Universitat de Lleida, la mayoría de las publicaciones de este ámbito son resultado del trabajo de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agraria (ETSEA), a pesar de que también hay algunos de la Facultad de Medicina.

Son investigaciones alrededor de ámbitos como tecnología de alimentos, agronomía y producción animal, según explica el vicerrector de Investigación, Jaume Puy.

El informe destaca investigaciones sobre la calidad microbiológica de los alimentos frescos, verduras y germinados en establecimientos al por menor, o los cambios en el aceite de oliva virgen durante su almacenamiento.

Además del sector de alimentos y bebidas, el informe analiza otras industrias como la aeroespacial, la biotecnología, la automoción, la cosmética, las tecnologías de la información o las farmacéuticas.

Fuente: La Vanguardia